Espiritualidad y Salud

Desde tiempos inmemoriales hemos tenido la necesidad de encontrar y a la vez, identificarnos con deidades que le den un sentido a nuestra vida. Que con ellas logremos darle forma una Gestalt de quién somos, para qué estamos acá y hasta del cómo funciona este mundo en el que estamos inmersos. Una búsqueda de respuestas casi compulsiva pero que ha obtenido sus contestaciones desde el primer día.

Sea desde Dioses asociados con fenómenos naturales específicos (Sol, lluvia, Luna y Mar) hasta la creencia de Mesías, profetas e iluminados hemos adoptado estas creencias, se han convertido en parte esencial de nuestras vidas en todas las épocas de la historia, nos han orientado hacia qué hacer, cómo hacerlo, la diferencia entre el mal y el bien; pero sobre todo las cosas nos han aportado un sentido de apoyo y protección en esta vida. Ése alguien que nos ve, aquel al que podemos ir en búsqueda de consejo y ayuda, aquel que nos guarda.

Claro está que el mundo ha avanzado, no estamos en aquellas épocas donde el danzarle al Dios de la lluvia nos haría acreedores de su benevolencia. Ni tampoco creemos que las pestes o enfermedades sean mandadas a la tierra como castigos a nuestros comportamientos. Estamos quizás, en las épocas donde el concepto de Dios, de una religión o hasta un sentido de espiritual no opera de manera influyente en nuestras vidas. Por los múltiples avances en la ciencia y la tecnología nos distanciamos de esa necesidad de Dios. Aunque parezca descabellado al afirmarlo tan directamente, ése alguien que nos ve, el que nos brindará consejo y ayuda, aquel que sabemos que podemos acudir a él en todo momento pasó a ser El Internet.

Quien lee se preguntará: ¿No será este fenómeno de dejar a Dios a un lado una muestra de nuestro avance como especie? ¿Será, tal vez, que ya no necesitamos a Dios? Muchas de las respuestas se derivan, y varios son los aristas del análisis. Pero orientémonos hacia un lado en específico que se descubre de la segunda interrogante:

¿Somos mejores sin una parte espiritual?

La respuesta es no; esta dimensión nos brindó valiosos sentimientos positivos, tales como: satisfacción, apoyo, alegría, sentirnos amados por algo especial y de vital importancia esperanza, y lo seguirá haciendo. Le pregunto a quién lee, ¿Cuántos de estos sentimientos pareciera que el mundo está perdiendo? O ¿Cuántos aún están presentes, pero no son verdaderamente genuinos?  Y partiendo de nuestra realidad mundial actual, ¿son estos sentimientos los que más parecen escasear? Dichos sentimientos son vitales, componen nuestro ser y el tenerlos presentes nos ayudan de manera inesperada.

Investigaciones en el campo de la Psicología de la religión y la espiritual van dirigidas a medir la influencia que tienen estas prácticas en la salud tanto física en condiciones cardiovasculares y dolor crónico, como mental asociado adicciones, suicidios, depresiones, entre otros.

Moritz et al. (2006, c.p. Quinceno, 2009) desarrolló un estudio en Canadá, cuyo objetivo fue valorar la eficacia de un programa de espiritualidad en casa, para personas con elevados niveles de estrés. Se formaron tres grupos, el primero recibió un programa de cómo ejercitar su espiritualidad partiendo conceptos como la divinidad propia, prácticas de respiración y meditación, autoconocimiento de lo que percibimos a través de los sentidos, el construir sentimientos de gratitud y conexión con los demás. El segundo grupo solo recibió prácticas de meditación y el tercer grupo no recibió tratamiento alguno. Los resultados demostraron que tuvo mejoría en el estado de ánimo y un mayor índice de salud mental el grupo de Espiritualidad seguido del equipo de meditación.

De igual forma, estudios de la rama de la Psiconeuromologia (Psicología que estudia la influencia anímica sobre el sistema inmune) han precisado que hay evidencia sustancial acerca de la comunicación bidireccional entre el sistema nervioso y el sistema inmune (Roa, 2005).  Este fenómeno, ocurre dentro de nuestro organismo, nos traduce la idea de que somos capaces de potenciar nuestro sistema inmune, que nos protege de enfermarnos, para librarnos de enfermedades tanto mentales como físicas.  Ejercitando mensajes de sentimientos positivos como los que se llevan consigo en las prácticas de la religión y espiritualidad. Estas prácticas basadas en el principio de la Psiconeuroinmunología se aplican masivamente a pacientes con condiciones crónicas de salud como cáncer y VIH con resultados satisfactorios tanto en la condición de salud como en la calidad de vida de los pacientes. Cabe destacar, que no afecta de ninguna forma el credo de la persona ni sus concepciones. De hecho, el que sean tus creencias religiosas/espirituales, con las que te sientes identificado, serán las que otorguen ese valor sanador y provechoso.

A manera de reflexión nos queda la idea de cómo el mundo avanza, pero dejamos atrás aquellas cosas que nos identifican como especie y que tanto necesitamos. El ejercitar tu parte espiritual, sea cual sea tu credo, te puede ayudar para mantener tu salud y cumplir las metas que te propongas en esta vida. Esto forma parte de algo especial, más allá de lo que vemos y sabemos; este cambio te hará sentir realizado(a) y te hará una mejor persona.

El corresponder con nosotros mismos siempre es el camino. No dejarnos llevar por los agites cotidianos, por las presiones de la sociedad como estándares de belleza y materialismo que han venido también con el pasar de las épocas. El escuchar esa voz interna que desde lo más profundo nos habla, será siempre el camino para sentirnos en plenitud.

Autor: Psic. David Rivera.

REFERENCIAS:

Quinceno, J. (2009). La salud en el marco de la psicología de la religión y la espiritualidad. Perspectivas en Psicología, 5 (2), 321-336.Roa, S. (2005). Psiconeuroinmunología: Breve Panorámica. Diversitas, 1 (2), 148-160.

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