El cuerpo y su revestimiento emocional

“Camila pasea distraída por un conocido centro comercial, su mirada parece no tener un punto fijo y sus pies se mueven como si fuesen ajenos a La Tierra. Ensimismada y en su propia realidad se muestra como una persona cuyos objetivos se definen desde los sueños, con creatividad desbordante que a veces sólo es entendida por ella misma.

En ocasiones siente como si se estirara su rostro, una fuerte tensión que llega hasta sus hombros con leves, pero fastidiosos dolores de cabeza. “Nada que no pueda manejar”, pensó.

A simple vista las tensiones musculares y características corporales de Camila parecen no guardar relación con su rostro triste y mirada esquiva. Probablemente, esa evasión del mundo que la rodea también esté haciendo eco en sus emociones y sentimientos, aun cuando sea de manera inconsciente.

“El cuerpo habla”, una expresión que para algunos no reviste mayor importancia, pero que para otros resuena como un llamado de atención que invita a redirigir la mirada hacia el propio ser, a enfocarnos en esos pequeños mensajes que envían nuestros órganos y nuestros músculos y que de alguna manera pueden estar asociados con los estados emocionales y con las posturas que por conveniencia o autoprotección se han ido adoptando.

 El padre de la Bioenergética, Alexander Lowen, hace referencia a una equivalencia emocional y corporal, que destaca la posibilidad de que a través de la liberación de las tensiones del cuerpo se liberen paralelamente las tensiones establecidas en el plano emocional.

activaEsta situación se debe principalmente a que durante nuestro proceso de crecimiento, incluso durante la gestación, se van acumulando reacciones, paradójicamente no expresadas, ante diversos estímulos que impactan en la persona durante las etapas de crecimiento y en lo que se conoce como la formación del carácter. En síntesis, el cuerpo termina siendo reflejo de tu carácter y tus emociones.

¿Es una trabajo autodirigido? Bueno, cómo nuestro revestimiento de esa especie de armadura corporal ha sido de manera inconsciente, seguramente no sabrás con qué emociones reprimidas te vas a encontrar. Aun cuando se puede hacer un trabajo de respiración y relajación suave que permita ir alejando las tensiones, lo más adecuado es acudir a un especialista o terapeuta, preferiblemente formado en temas de bioenergética o psicocorporal, sin menoscabo de otras disciplinas que también han mostrado efectividad.

Lo correcto es iniciar una auto-observación sincera y responderte algunas preguntas sencillas, por ejemplo: ¿Cómo sientes tu cuerpo y respiración? ¿Notas algunas tensiones recurrentes? ¿Sientes como que algo no va bien, pero te cuesta identificarlo? Este breve ejercicio podría servir de plataforma para que con la ayuda de un especialista inicies un proceso de contacto con tu propia esencia personal y puedas comprender un poco más el lenguaje de tu cuerpo”.

Autor: Marco Antonio Bandes

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